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De María, nuevos sueños: jóvenes empresarios apuestan al país

Un huracán les cambió sus planes, pero las ganas de emprender no se las quita nadie.

Nota de la Editora: Los días después de María se sintieron infinitos. Era como un limbo constante de desesperación, incertidumbre y “¿qué carajo está pasando?”. Pero, lo que se vivió ya se vivió y esto no es una nota triste y trágica. Al contrario, es a través de estas historias de estos jóvenes que quisiéramos sembrar su misma pasión de innovación y emprendimiento en el corazón de los que aquí se quedan.
Luego del 20 de septiembre del 2017, lentamente, pero sin pausa, fue despertando una vena de emprendimiento y nuevos sueños en personas que se vieron forzadas a cambiar sus planes, reinventarse y simplemente dejarse llevar. Fue una oportunidad de crecimiento, de volver a empezar, de re-definirse, no solo a sí mismos, pero también al país.

Entre mucha incertidumbre sobre el futuro, estos jóvenes decidieron apostarlo todo a sus sueños y lanzarse a la aventura de crear sus propios start-ups. Un año luego de que todo empezó nos comparten las historias que cambiaron sus vidas (y sus carreras).

Armando Sánchez y Suhaily Sepúlveda, GUILTY

Suhaily Sepúlveda y Armando Sánche

La patada por la espalda

Aunque Suhaily Sepúlveda y Armando Sánchez tenían trabajos estables, ella como abogada en un bufete y él como consultor de innovación (lo sé, suena como un trabajo cool, pero complicado. Ya mismo vamos a eso), había algo que estaba faltando. Millennials al fin, eso de trabajar para “The Man” no era una meta a largo plazo.

La idea de un start-up ya venía rondando desde hace un tiempo, pero fue María lo que los impulsó a empezar con lo que tuviesen.

“Éramos de los pocos que teníamos luz y lo vimos como una oportunidad para hacer algo. Empezamos lavando ropa en nuestro apartamento. La gente nos decía que estábamos locos, que después del huracán nadie se iba a suscribir, que la gente no estaba pensando en eso”, contó Suhaily, la co-fundadora de la primera membresía de alquiler de ropa en Puerto Rico, GUILTY.  

“NUNCA NOS PASÓ POR LA MENTE IRNOS. NI SIQUIERA LO HABLAMOS.”

Sin embargo, against all odds, Suhaily tenía la intuición de que las mujeres necesitaban un poco de normalidad en sus vidas. “Yo recuerdo haber ido a un beauty y escuchar a una muchacha diciendo ‘mira yo vengo aquí porque se me va el día buscando gasolina, buscando qué comer, tratando de resolver y yo necesito sentirme normal otra vez’, y rápido le textié a Armando ‘vamos a lanzarlo. En medio de este caos puede funcionar’”.

Ambos estaban trabajando a tiempo completo y “nuestros fines de semana eran de lavar y planchar ropa para el lunes yo meterla en las bolsitas y empezar las entregas martes”, explica Suhaily.

Un start-up de tecnología

La idea era ambiciosa: una suscripción online de alquiler de ropa. A través de su website podías suscribirte, recibir a tu oficina ocho atuendos, usarlos y luego devolverlos (I know. Es un poco adictivo).

El primer mes ya tenían 30 suscriptoras, pero poco a poco se fue complicando. Suhaily –en el bufete bregando con el machismo que el trabajo conlleva– y Armando –analizando data y comportamientos en un trabajo que no mucha gente entiende– ya necesitaban ayuda.

“Poco a poco nos empezamos a dar cuenta que no podíamos solos. Con dos trabajos full-time no teníamos tiempo ni de mirar para el lado. Sabíamos que teníamos que ir moviéndonos a ser un negocio de tecnología porque al final del día se trataba de logística”, explicó la abogada.

La experiencia de Armando fue lo que ayudó a llevar a la compañía al próximo nivel. “Yo siempre he estado bien atento a la perspectiva del consumidor. Una de las ventajas que tenía es que trabajaba con una agencia que se dedicaba a hacer market research y luego con una que hacía consultoría de lo mismo. Así que te puedo dar datos y cifras de distintas marcas. Me enseñó a observar, hablar con la gente y aprender para seguir mejorando el producto”, contó Armando.

Suhaily, por su parte, tuvo un poco de dificultad en acoplarse ya que GUILTY era mucho más liberal y moderno que su pasada experiencia en un bufete tradicional de abogados. “El mundo de los start-ups es súper diferente. Tienes que reaccionar rápido. Es otra cosa. Hay cosas que para mí son completamente nuevas, pero hay que aprender en la marcha”, cuenta la empresaria.

Sin embargo, su genuina pasión por la moda y su experiencia en un trabajo que requería de vestirse bien todo el tiempo, fue clave al momento de desarrollar el concepto.

“HE VIVIDO EL STRUGGLE DE QUE A NOSOTRAS LAS MUJERES NOS JUZGAN MÁS POR CÓMO NOS VEMOS Y NOS VESTIMOS” 

“Yo estuve donde están la mayoría de nuestras clientas, en una oficina con un trabajo complicado que le requiere vestirse bien todo el tiempo. Tenemos esa presión para que simplemente nos cojan en serio porque nuestra apariencia cuenta mil veces más cuando es una mujer versus cuando es un hombre. El hombre puede ponerse la misma corbata todo el tiempo. Nosotras no. Me puedo relacionar. Yo soy la típica consumidora de GUILTY”, expresó.

La pareja de esposos intenta impactar positivamente el clóset de la mujer boricua ofreciéndole una alternativa más económica y conveniente a largo plazo.

María Gabriela y Carla, HIVE CUBE

La destrucción a simple vista
Graduada de una maestría en Arquitectura, Carla Isabel quería regresar a su isla. Así que sin pensarlo dos veces regresó para luego enfrentarse a la inestabilidad que dejó María. Sin encontrar trabajo, la solución temporaria era aplicar a FEMA.

Sin embargo, lo que jamás imaginaría es que esa decisión le fuese a cambiar el rumbo de su carrera.

“Trabajando con FEMA me empiezo a dar cuenta que el issue más grande en Puerto Rico es que el 55% de nuestra construcción está hecha algarete, y es porque el dinero no le da a la gente. Las casas no son resistentes a huracanes. Empiezo a ver esto y sabía que tenía que haber algo que fuese más rápido de construir y más costo efectivo para las personas”, contó la joven de 24 años.

En el estrés de desarrollar el proyecto, una noche de jangueo en El Tab con su amiga de toda la vida, María Gabriela, fue lo que las convirtió en co-fundadoras de Hive Cube, una innovadora opción de vivienda económica y resistente a huracanes.

“Por María me entero que no voy a poder graduarme de mi doctorado. No podía terminar mi disertación así que estaba súper frustrada y llamé a Carla para janguear. Esa noche ella me contó de su idea y sabía que podía ayudarla”, expresó la estudiante de Psicología Clínica de 27 años.

Se trata de contenedores de envío como un nuevo método de vivienda para personas de mediano ingreso en Puerto Rico. La misión de las jóvenes empresarias es clara: brindar accesibilidad a un hogar seguro y moderno, resistente a huracanes.

“El tiempo de construcción es de dos a tres meses y aguantan hasta 175 mph. Tenemos un sistema con energía renovable y cisterna así que también el hogar puede ser sustentable.  Ahora mismo estamos hablando con Banco Popular para que nos aprueben los financiamientos”, explicó Maga, como le dicen sus amigos.

Dos mujeres en un ambiente de hombres

Mientras ella trabaja todo el marketing y el research de la compañía, Carla, quien es la arquitecta, trabaja en el field de construcción. Esto la ha llevado a enfrentar el sexismo de una industria dominada por hombres.

“A VECES NOS TRATABAN COMO SI FUÉRAMOS DOS NENAS PEQUEÑAS CON SUEÑITOS” 

“Como ‘mira estas dos. Ellas quieren construir casas. Qué cute se ven’ y terminaban tratando de decirnos a nosotras qué hacer”, contó María Gabriela.

Poco a poco, han tenido que aprender a trabajar con las presiones del mansplaining y simplemente seguir su intuición como empresarias. Por eso, la comunicación entre ambas ha sido clave para mantener una una compañía juntas y no dejar que su amistad de años se vea afectada.

“A veces nos damos cuenta que queremos lo mismo o estamos hablando de lo mismo y por el estrés no nos entendemos. El end goal casi siempre es el mismo así que ahora nos comunicamos para todo” contó Carla, quien ha tenido la experiencia de estudiar el modelo de low-income housing en otras partes del mundo.

Samara y Natalia Bigay, BANQUETÉALO

Hermanas con un mismo sueño

La pasión por la industria de la gastronomía viene desde antes, pero luego de María, se les prendió el bombillo. Samara y Natalia Bigay, dos hermanas gemelas de 27 años, decidieron dejar sus respectivos trabajos para perseguir una misión: hacerle la vida más fácil a la gente al momento de buscar un catering.

“Después de María fue como un despertar. Nosotras siempre habíamos querido hacer algo porque en nuestra casa tenemos la vena del empresarismo. Llegamos a trabajar en un restaurante de familia y nos quedamos con eso”, contó Samara, co-fundadora junto a su hermana Natalia Bigay, de Banquetéalo.   

“ERA IRNOS DE PUERTO RICO O EMPEZAR ALGO NUESTRO”

Luego del huracán, Natalia estaba teniendo problemas en conseguir caterings para sus eventos de coordinación y el ambiente en el trabajo de Samara, quien tenía una posición de Recursos Humanos, cambió.

“La cosa se estaba poniendo tensa con los empleados. Era fuerte tener que despedir a gente por mi posición. No me veía mucho tiempo en ese ambiente. Quería emprender”, continuó.

Mientras discutían ideas, recordaban el struggle que tenían en el restaurante de su mamá al momento de trabajar caterings.

“Siempre teníamos el rush de bregar con las órdenes diarias que cuando venía un cliente a pedirte un catering era un dolor de cabeza porque no teníamos tiempo para sentarnos con el cliente y ver exactamente qué quería”, explicó Natalia.

La experiencia de ambas las llevó a cuestionarse una mejor manera de ordenar este servicio de comida. Fue así que crearon Banquetéalo, una plataforma digital que ofrece cotizaciones de restaurantes locales, según las especificaciones de su cliente.

En menos de 48 horas te enviamos varias cotizaciones. Escoges tu favorita, pagas online y no te tienes que preocupar por nada. Nosotras nos encargamos de todo”.

La pareja de empresarias intenta mejorar la comunicación entre el cliente y el restaurante ayudando a ambas partes a conseguir lo que quieren. Con más de 30 restaurantes locales a escoger, aseguran su compromiso con el desarrollo de la economía local.

“APOYARNOS ENTRE MUJERES ES ESENCIAL. ES LO MÁS BONITO DE TRABAJAR EN BANQUETÉALO”

Mientras que Natalia está encargada de las operaciones, Samara del business development, ¡y entre hermanas se entienden! Esto es lo que aseguran que las ha ayudado a reconocer sus fortalezas dentro de la compañía. “Trabajar con tu hermana es como tener este coach que está detrás de ti todo el tiempo. Si peleamos es por ropa, no por el negocio. Somos un equipo”, expresó Samara. 

Nathasha Bonet
Nathasha Bonet

EDITORA EN JEFE

Usualmente me puedes encontrar bebiendo vino o viendo Netflix, ¡o las dos! Mi estilo es un reflejo de lo que soy y lo que quiero llegar a ser. Madre de Emma, Chloe y Leah, tres perritas rescatadas.