Amor Propio, Wellness

75 Hard no me cambió el cuerpo. Me cambió la mente.

75 Hard, Reto, Disciplina, Fortaleza Mental

Lo más irónico de todo esto es que yo pensaba que la disciplina del 75 Hard me iba a quitar libertad. Y terminó dándomela.

ME LLAMO NATHASHA :)

¡Bienvenida a mi rincón! En el 2015 abrí mi blog nathashabonet.com como un destino donde contar historias a otras mujeres. Cuando no estoy escribiendo, estoy gozándome la vida con mi perra y margarita en mano. Sonrío al sentir el sol en mi cara, comer papas fritas, bailar y ponerme outfits bonitos. XOXO!

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La primera vez que escuché sobre 75 Hard fue por mi pareja. Él lo ha hecho varias veces. Le encanta medirlo todo: día uno, día dos, progreso, estructura, rutina. Y yo… bueno, yo soy todo lo contrario.

Yo soy más de fluir.

Trabajo por mi cuenta. Mis días nunca se ven iguales. Hay días donde me levanto sintiéndome la CEO de mi vida y otros donde quiero olvidarlo todo frente al mar con un matcha en mano y cero responsabilidades. Siempre he sido disciplinada con mis sueños, con mi trabajo, con crear, con producir… pero no necesariamente conmigo misma.

Y aunque sí uso agenda, organizo proyectos y vivo pegada a Google Calendar, la idea de un programa TAN estructurado me daba estrés. Sentía que me quitaba libertad. Pensaba que era extremista, medio psicópata fitness sin vida propia.

Yo era team “75 Soft”. Pues seamos honestas: la vida ya es lo suficientemente difícil. ¿Por qué rayos voy a escoger sufrir voluntariamente?

Pero había algo que llevaba años pesándome más que cualquier reto: mi inconsistencia.

Empezaba mi wellness journey y lo soltaba.
Corría por un tiempo… y paraba.
Me sentía un chin mejor… y volvía a mis viejos hábitos. No podía soltar las papas fritas, el mantecado, las frituras. ¡Algún día!

No era falta de capacidad. Era falta de continuidad. Y eso, empieza a romper la confianza que tienes en ti misma.

Entonces, después de mi cumpleaños número 32, ya harta de no ver lo que quería ver en mí, mi novio me dice: “Vamos a hacer 75 Hard.” No era la primera vez que me lo decía, pero esta vez pasó algo raro: dije sin pensarlo tanto.

Sin vision board.
Sin esperar un nuevo mes, una nueva semana.

Sin decirle a nadie.

Simplemente empecé. Y honestamente, creo que ahí estuvo parte de la magia.

Porque a veces pensamos tanto las cosas que terminamos usando la planificación como procrastinación disfrazada de productividad.

Busqué las reglas del programa y estas eran las tareas diarias:

  1. Dos workouts diarios de 45 minutos (uno afuera)
  2. Un galón de agua
  3. Leer 10 páginas de un libro de desarrollo personal (no ficción)
  4. Seguir una dieta
  5. Cero alcohol
  6. Cero cheat meals
  7. Una foto de progreso

Y arrancamos. Bueno… “arrancamos”. Como a los dos o tres días, mi novio dejó el reto. Ya se había probado a sí mismo varias veces así que cuando surgió la oportunidad de celebrar con su familia, se dio el palito.

Y yo seguí. Todavía me da risa porque siento que el universo literalmente me dijo: “Ah, ¿tú querías demostrarte que puedes? Perfecto. Demuéstratelo sola.”

Mucha gente cree que 75 Hard es un reto físico. Y sí, claro, tu cuerpo cambia. Bajas de peso. Te desinflamas. Te sientes más fuerte. Pero eso no es lo verdaderamente difícil.

Lo difícil es hacer las cosas cuando no quieres hacerlas. Ese es el reto.

No es un programa fitness. Es un programa de fortaleza mental, de disciplina, de enfoque. Es un espejo.

Te confronta con todas las excusas que tienes.
Con la versión tuya que negocia consigo misma.
Con la que dice “mañana lo hago”.
Con la que se abandona cuando está incómoda.

Y también te presenta una versión nueva:
la mujer que cumple aunque no tenga ganas.

Las primeras semanas fueron más fáciles de lo que esperaba. Creo que estaba en esa etapa honeymoon donde se siente emocionante que lo estás haciendo, pero luego llegaron los días reales:

  • Los días de menstruación y ovulación donde el cuerpo pesa el doble y lo único que quieres es quedarte acostada viendo videos random en TikTok.
  • Los días de trabajo larguísimos donde tenía 8, 10, 12 horas de producción y aun así tenía que buscar el espacio para entrenar (me llegué a acostar a las 2-3am para cumplirme, tomando naps entremedio, de ser necesario).
  • Los días que sales a hacer el outdoor workout y cae un mar de lluvia inesperada (no puedes usar sombrilla). ¡Y mira que amo la lluvia, pero hay días que simplemente no estás en el mood de darte una ensopada o dañarte el pelo acabado de hacer!
  • El día que tuve un accidente de tránsito, terminé en el hospital y aun así tuve que salir a hacer el segundo workout (iba por el día 8 y se sentía que ya había entregado demasiado de mí para echarlo a la borda).
  • El día que el leash de mi perra Leah me quemó el muslo tan fuerte que la piel quedó en carne viva (imagínate aquí, iba por el día 26).

No podía caminar bien. ¡Cojeaba! La piel no podía rozarme porque me dolía horrible, más la herida podía infectarse. Y aun así, hacía yoga o caminaba lentísimo con las piernas abiertas como un pingüino. ¡Lo hice, incluso llorando, pero lo hice!

Personas me dijeron:
Para.”
Estás loca.
Después sigues.

Seguí, incluso cuando no veía resultados. No veía el número que yo quería ver en la pesa, y eso me frustraba muchísimo.

Hay personas haciendo el 75 Hard y perdiendo grandes cantidades de peso, transformando completamente sus cuerpos… y eso no me pasó a mí.

  • Sí, bajé una talla.
  • Sí, me desinflamé.
  • Sí, vi cambios físicos.
  • Sí, me sentía con más claridad y energía.
  • Sí, mi piel mejoró.

Lo que me hizo darme cuenta de cuánto estaba buscando validación en algo externo.

Pensaba: “¿Para qué tanto sacrificio si no estoy viendo resultados?”. Hasta que…

Entendí algo importante:
el tomar acción ya es un resultado.

  • El levantarte y hacer algo que antes no podías sostener… es un resultado.
  • El cumplirte… es un resultado.

Aunque todavía no veas el cambio completo. Aunque todavía no llegues a la meta. Eso vale muchísimo más que cualquier número.

También me hizo pensar mucho en cómo vivimos tan acostumbradas a funcionar desde nuestras emociones. Y ojo, sentir es hermoso. Soy una persona emocional, intuitiva y sensible. Sin embargo, tenía momentos donde dejaba que cómo me sentía definiera lo que hacía.

La realidad es que no siempre vas a sentirte motivada. No siempre vas a sentirte poderosa. No siempre vas a levantarte siendo la súperestrella de una campaña de Nike.

Hay días donde simplemente haces lo que tienes que hacer porque dijiste que lo harías.

Eso también es amor propio. Cumplirte es una forma de respeto.

Lo más irónico de todo esto es que yo pensaba que la disciplina me iba a quitar libertad. Y terminó dándomela.

Algo bien curioso que me pasó fue que los días más difíciles no fueron al principio.
Fueron cerca del final.

El día 70.
El 74.
El 75.

Creo que eso dice mucho sobre cómo nos saboteamos cuando estamos cerca de lograr algo grande. Cuando ya estás tan cerca, bajas la guardia. Te confías. Piensas: “Ya lo logré.

Ahí la mente empieza a jugar contigo. Leía de personas que fallaban exactamente así: no por algo enorme, sino por olvidar las cosas pequeñas, como tirarse la foto del día, cuando ya estaban a punto de terminar.

A veces somos nosotras mismas quienes nos interponemos en nuestro camino cuando la meta finalmente está cerca. Como si una parte de tu subconsciente todavía no pudiera creer que sí eres capaz.

Y cuando finalmente llegó el día 75… fue raro. Yo pensé que iba a hacer un party, una celebración gigante, con la Moët lista y un playlist motivacional sonando de fondo. Nada que ver… allí está la Moët cogiendo polvo.

Al otro día… salió el sol otra vez. Fue un día normal. Otra reflexión más: ¿nos celebramos muy poco?

Aunque el mundo haga una fiesta afuera y te felicite todo lo que quieras, si tú no te detienes internamente a reconocer lo que lograste, el momento pasa desapercibido.

Tuve que literalmente sentarme conmigo misma y decir: “Wow. Lo hiciste.” Cumpliste algo que pensabas que no podías terminar.

Y honestamente, después de acostumbrarte por 75 días a hacer cosas difíciles, hasta descansar da culpa.

Parte de mí pensó:

  • ¿Y ahora qué?
  • ¿En serio voy a parar?

Tenía miedo de salirme de la estructura y volver a la vieja yo. Porque el reto te acostumbra a incomodarte. A exigirte. A seguir incluso cuando estás cansada.

Y aunque eso puede ser peligroso si se lleva al extremo, también hay algo poderoso en descubrir que eres capaz de sostenerte incluso en días difíciles.

Ahora mismo voy por el día 81. Y sigo haciéndolo.

No porque alguien me obligue. No porque quiera demostrarle algo al internet. Sino porque me gusta cómo me siento.

He sentido muchísima claridad mental.

Y sobre todo, siento que reapareció una versión de mí que extrañaba muchísimo: la Nathasha que no tiene excusas.

No hay nada más liberador que confiar en ti misma. Saber que te sostienes.

Saber que si dices: “Voy a hacerlo”, lo haces.

No importa el mood.
No importa el clima.
No importa si nadie te está mirando.

LO HACES.

Ahora existe la posibilidad de hacer la Fase 1 del programa. Treinta días más. Con cold showers de cinco minutos, visualizaciones y tareas de poder diarias.

Y honestamente… todavía no sé si quiero hacerlo. La idea de bañarme con agua fría todavía me parece una falta de respeto (lol!). También sé que hace meses pensaba exactamente lo mismo del 75 Hard.

Así que veremos.

Quizás de eso se trata crecer: de seguir encontrándote en lugares donde antes jurabas que nunca ibas a llegar.

No sé cuánto tiempo más seguiré haciendo esto. No sé hasta dónde quiero llevarlo.

Pero sí sé algo: me gusta seguir probándome hasta dónde puedo llegar.

Y quizás de eso se trata la vida.

De caminar hacia la incertidumbre.
Hacía lo difícil.
Hacía las versiones tuyas que todavía no conoces.

Y descubrir, en el proceso, que siempre fuiste mucho más fuerte de lo que pensabas.

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