Descubre lo que sintieron estos boricuas que hicieron de todo desde la diáspora para ayudar a sus familias y a su país. 

Dolor, preocupación, desespero y miedo es solo una mínima idea de todo lo que sintieron los millones de boricuas fuera de la isla, ante el paso del huracán María. Sabían que sería fuerte, pero nadie puede predecir el impacto de un fenómeno sin antecedentes.

En la noche se acostaron con el consuelo de la última llamada de aliento de su familia, levantándose luego con la incertidumbre de no saber nada de ellos ni de sus hogares. Días permanecerían sin recibir ni una llamada, mientras las noticias continuaban intensificando un mar de emociones.

“Estuve ocho días en la espera que desespera”, nos cuenta Yeilisse, quien junto a su esposo reside en Orlando, Florida, mientras que su familia vive en Moca. Un pueblo que al día de hoy todavía no tiene recepción telefónica.

Fue precisamente la falta de comunicación que imposibilitaba saber si las necesidades de sus familiares estaban siendo cubiertas. Para Von Marie, quien lleva más de cuatro años fuera del país completando su doctorado, fueron los peores días sin saber nada de sus padres en Boquerón. 

«CON ESTA CRISIS UNO NO SABE SI EL ‘ESTAMOS BIEN’ SIGNIFICA QUE VERDADERAMENTE ESTÁN BIEN»

A consecuencia, cadenas de apoyo surgieron entre puertorriqueños de su comunidad para mantener la calma. Desde grupos de WhatsApp hasta actualizaciones en las redes sociales con la poca información que recibían del país que los vio nacer. 

24 horas después y no había tiempo que perder. Con lágrimas en los ojos y tristeza en su corazón, la diáspora se levantó a ayudar. Cada uno como pudiese. Levantando su voz, en sus trabajos, en universidades, buscando donaciones, enviando artículos de primera necesidad, contactando a congresistas, concientizando. Viviendo y sintiendo el apoyo del extranjero.

«QUIZÁS LA AYUDA NO VA A LLEGAR A MIS PADRES, PERO SÉ QUE SI UNOS SE LEVANTAN, SE LEVANTARÁN TODOS»

Según Mara Cristina, puertorriqueña en Washington, DC, “fue alentador ver a la gente unida para ayudar, entrando en acción”. 

El diseñador de moda Pipo Pere, oriundo de Jayuya, canceló todos sus compromisos en Nueva York para dedicarse full-time al recogido de donaciones. Fue gracias a esto que ha conocido muchísimos puertorriqueños que no conocía. «Nos hemos agrupado y lo más bonito de todo es que la mayoría son jóvenes», nos cuenta enorgullecido.

Alexandra de Jesús, publicista en California, invitó a sus compañeros de trabajo que donaran días de vacaciones para viajar a Puerto Rico como voluntarios y ayudar mano a mano en la recuperación. Kerilys Rodríguez, junto a su iglesia, tiene cuatro vagones llenos de ayuda que saldrán en dos semanas para pueblos como Utuado, Orocovis, entre otros del centro. Mientras que Andrea Pérez se enfoca en recoger donativos para la zona oeste de la isla.

Para ellos, esta ha sido la única manera de mantener sus mentes ocupadas y combatir el sentimiento de culpa que continúan cargando todos los días. “Uno acá teniendo todo tipo de comodidad, bañándose con agua caliente, luz, aire central, comida rica, mientras los tuyos pasan necesidades», expresa Yeilisse. 

Es así que cada uno se ha dedicado a crear un impacto en su entorno, queriendo sentir lo mismo que siente su familia en el Puerto Rico después de María.

Gracias a todos los puertorriqueños que me escribieron queriendo ser parte de la nota. Fueron muchísimas historias y las leí y escuché todas. Cada uno de ustedes fue inspiración para este artículo.
Nathasha Bonet
Nathasha Bonet

EDITORA EN JEFE

Escribo desde mi casa, en pjs y despeinada, sobre lo que sea que me venga a la mente. Soy freelancer, periodista, escritora, soñadora y me encanta jugar con la moda.

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